
La finca en la que se sitúa la bodega, es conocida como “el olivar de forlón”, en la Vereda de Carrascal o Forlon. Perteneció al comerciante británico “Pedro Furlong”, que la tenía plantada de olivar y viñedo. En 2007, sólo quedaban dos olivos. Actualmente la finca ha recuperado tanto su antigua plantación como la “g” final de su nombre que se perdió con los años.
La viticultura del Jerez (Cádiz), de tradición milenaria, disponía de un notable patrimonio de vides que, tras la filoxera, y su no empleo para la reconstitución, estaba al borde de la extinción, después de casi un siglo de abandono.
Somos muchos los que estamos recuperando parte de ese patrimonio histórico, de la antigua Cádiz, porque son señal de identidad, son diferentes, peculiares y ligados a nuestro “terroir”.
Por ello en la elaboración de nuestros vinos usamos las variedades autóctonas (locales y minoritarias), como “Palomino”, “Pedro Ximénez”, “Moscatel”, “Perruno” y “Tintilla de Rota”, siendo parte de la filosofía de “Forlong”, tanto como el respeto al medio ambiente, la biodiversidad y la recuperación de técnicas y recipientes centenarios, como son estas tinajas de barro.













